Construye una jerarquía de identidad
Empieza por lo que el público percibe en orden: silueta, rostro y cabello, grandes formas de la ropa, paleta y, por último, detalles distintivos. Da al personaje un papel y un temperamento claros, porque afectan a postura, expresión y lógica del vestuario. «Mensajero reservado de azoteas, cabello plateado corto, ojos ámbar, chaqueta azul marino extragrande, correa utilitaria naranja y alfiler de estrella mellado» es más repetible que un inventario de adornos sin relación. Limita los rasgos permanentes a dos o tres. Si cada hebilla, tatuaje, amuleto, arma, tejido y color se declara esencial, el modelo no tiene una jerarquía útil y comparar versiones se vuelve más difícil.



